13 junio 2024, 23:23 PM




Sandra Tancredi, la primera concejal trans del país: “Quiero usar la política para trabajar para la gente”

Sandra Tancredi, la primera concejal trans del país: “Quiero usar la política para trabajar para la gente”

Por Manuela Herrera

La concejal de Escobar asumió en marzo pasado y ya lleva seis meses en su cargo. En septiembre logró que el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Garín aceptara a las dos primeras mujeres trans bomberas y sueña con llevar adelante más proyectos en esa dirección.

Para definir a Sandra Edith Tancredi, algunos datos reunidos en una lista: vive en Garín, tiene un living amarronado y muy pero muy frío, no le pone azúcar a su té pero sí al mío que prepara en sendas tazas azules y blancas, muchas veces mientras habla le dice amor a su interlocutor con una calidez propia de una tía (tía gaucha, así la llaman).

Es la primera concejal trans de la Argentina. Antes tenía una peluquería en su casa y hacía shows en eventos. Ahora continúa haciendo teatro y siempre vuelve a resaltar qué es lo que realmente le gusta hacer: ayudar a la gente.

Sobre su llegada y desarrollo en la política

Sandra asumió como concejal por el Frente de Todos el 17 de marzo de este año en la apertura de las sesiones ordinarias del Honorable Concejo Deliberante de Escobar en reemplazo de la concejal Patricia de la Cruz.

“Cuando el intendente Ariel Sujarchuk me conoció y me ofreció estar en una lista yo le dije que no venía de la política y que no sabía nada de eso. Él me dijo: ‘No, el asunto es que vos trabajes para la gente. Y vos tenés esa cualidad’. Entonces acepté”, cuenta Tancredi.

– ¿Con qué te encontraste al llegar a este nuevo espacio para vos que es la política?

Obviamente como no tenía el menor conocimiento de cómo se trabaja en la política no sabía con lo que me iba a encontrar. Pero con lo que me encontré fue con un ambiente de todos los bloques muy empático conmigo, quizás por no venir de la política todos fueron muy empáticos. Recibí la sonrisa, el buen trato y el compañerismo de todos. Y me siento cómoda, porque es como si lo hubiese hecho toda la vida.

– ¿Qué significa para vos poder ser concejal en Escobar?

Primero me parece importante agradecer que tenemos un intendente inclusivo, porque si Ariel (Sujarchuk) no me hubiese permitido a mí estar en una lista yo hoy no sería la primera concejal trans. Me enorgullece que Sujarchuk me haya elegido no viniendo de la política. Él creo que vio eso, armar una lista de inclusión, donde ponía a una vecina más de Garín.

Escobar es un municipio vanguardista. Ariel ha cambiado el municipio, por eso yo también acepté estar con él: porque transformó Escobar, es pionero en muchas cosas. Tenemos el Parque Solar, se retomó el Hospital del Bicentenario -que era una obra que a través del gobierno de Vidal se había quedado frenada-, se compró la Clínica San Carlos y se hizo Hospital. Con todas esas cosas, ¿cómo no sumarse?

– ¿Cómo viene siendo tu desarrollo como concejal?

Si bien soy concejal y lo sé, no me doy cuenta de ese rol porque trabajo como tiene que trabajar cualquier persona: trabajar para la gente sin pensar en el puesto que tenés, trabajar para beneficio de los demás. Obviamente me toca estar en un puesto y ser concejal, pero trabajo como tiene que trabajar cualquiera.

Lo que sí, a través del espacio en el que me estoy desarrollando en el Concejo Deliberante me di cuenta de que si uno quiere trabajar para la gente, como concejal puede hacerlo; movés los hilos y los hilos se mueven. Quizás hay funcionarios que no funcionan, pero el asunto es uno tener las ganas de hacer algo por la gente.

Yo tengo un espíritu un poco combativo y muy de querer hacer de protectora, siempre lo tuve desde muy joven y pienso que ahora gracias a la política puedo cumplir esos sueños. Además, puedo ayudar porque la gente misma también me ayuda a hacerlo. He descubierto que la gente que por ahí no es de la política -vecinos míos, amigos- ven el compromiso que estoy llevando y me ayudan a ayudar. Acercan donaciones, acercan ropa, acercan alimentos. Cuando yo hago una obra de teatro a veces me acerco al director y le digo “¿y si la hacemos a través de un alimento no perecedero?”. A partir de todas esas cosas estoy descubriendo que con la política hay poder para hacer, lo que pasa es que hay que querer.

Sobre las primeras bomberas voluntarias trans

Sandra cuenta que hace más o menos tres o cuatro semanas decidió hablar con el jefe de Bomberos Voluntarios de Garín, Adrián Peralta, para proponerle incorporar chicas trans bomberas. Luego de algunas reacciones de asombro y un poco de insistencia, decidieron hacer una prueba piloto con dos chicas: Tamara Gamarra y Luciana Aranda.

Explica Sandra con respecto al surgimiento de la iniciativa: “Yo estoy trabajando con doce chicas trans de acá de Garín que están en una situación muy fea, no tienen trabajo entonces lo único que pueden hacer es trabajar con su cuerpo. Me parece espantoso tener que trabajar con tu cuerpo por no tener otra posibilidad. Fueron expulsadas de sus hogares de muy chicas y eso les hizo que no terminen sus estudios primarios -mucho menos secundarios- y que para vivir se tengan que prostituir. Por eso no tienen tampoco inserción laboral, y entonces una de las formas de empezar a trabajar con ellas es esta”.

Este miércoles 21 de septiembre las dos aspirantes a bomberas voluntarias comenzarán con el curso que durará hasta fin de año y en el cual, si bien ya se encontraba iniciado, se aceptó su incorporación. Se convertirán en las primera mujeres trans bomberas.

El recorrido transitado

Sandra nació en el año 1967. Acerca de ese año cuenta con expresión sonriente una anécdota que esconde en su sencillez algo realmente crucial. Si la historia de Sandra fuera la de una ciudad de edificios altos e imponentes, esta anécdota sería sin duda su piedra fundacional.

“Mi nombre es Omar Sandra Edith. El nombre Sandra Edith es el que mi mamá eligió para mí si hubiese sido nena, porque ella me había elegido nombre de mujer. El de varón me lo puso al tercer día que me vio porque yo nací asfixiada”, dice. Y también: “Las enfermeras le decían que era varón y mi mamá no les creía. “Mentira, es Sandrita, es Sandrita, ustedes me quieren dar la sorpresa, es Sandrita”, decía. La enfermera le dijo que me cambie y ahí vio que era genitalmente varón, pero yo nací mujer, me siento mujer desde que nací”.

Sandra, además, narra la cronología del camino hasta lograr asumirse: “Yo luchaba con mi condición sexual, no quería que nadie se dé cuenta. Me lo aguanté hasta los veintinueve años: ahí me animé a decir ‘me gustan los hombres’ y viví desde que me asumí hasta los cincuenta años una vida de gay. Me animé a vivir mi vida trans a partir de los cincuenta años y después a los cincuenta y dos hice mi cambio registral”.

Y con respecto a su nombre, explica la Tía Gaucha: “Me dejo decir Omar, porque no me molesta que me digan Omar o que me digan Sandra. Yo siempre lo conté: yo hoy soy Sandra Edith porque Omar llevó una conducta, llevó una forma de ser. O sea, gracias a que Omar se aguantó lo que le pasaba pude estudiar, pude trabajar y pude formarme para hoy ser Sandra Edith con todas las letras. Si de muy chiquita me hubiera animado a ser trans hubiese sido mucho más discriminada porque eran otras épocas. Tengo cincuenta y cuatro años y hoy un trans tiene una vida promedio de entre treinta y cinco y cuarenta años: hoy yo no estaría viva”.

Le dicen “Tía Gaucha” por una conjunción de sobrenombres: tía -elegido por sus amigos- por su forma de ser coqueta y un poco de señora mayor; gaucha, inventado por Marcelo Tinelli en su programa luego de ver que Sandra tenía una canción llamada La cumbia de la tía en cuyo videoclip está vestida de gaucha y cuya letra explica el porqué de esta elección. Justamente desde entonces cambió su cuenta de Instagram a @latiagaucha.

La canción compuesta por los hermanos Ayala -Jalif, Michelle y Cumbia Rosa- dice así:

Antes que llegue la noche

voy a caballo no en coche

vestida de gaucho para que no sospechen

lo que hago en la noche.

Le digo chau alpargatas,

me pongo tacos y falda,

lentejuelas y tanga

y nos vamos todos a la Tía Ñata

Sobre la importancia de lo artístico

Sandra cuenta que encontró lo artístico porque “quería ser mujer y no me animaba, no encontraba cómo serlo”. En el año 2008 se vistió de mujer por primera vez para animar el aniversario de casada de una de sus amigas y vivió lo que define como el momento más significativo de su vida. Desde entonces continuó haciéndolo así, de manera intermitente y con los shows y espectáculos como excusa, hasta que en 2018 luego de que su madre falleciera decidió “ser mujer del todo” y comenzar a salir a la calle vestida de esa manera.

El teatro cumple un papel fundamental en todo esto. Sandra continúa con el hilo de la historia y ejemplifica: “Entonces conocí al director del Teatro Seminari, Néstor Vitola, quien me brinda la posibilidad de hacer un stand up en el teatro en la Sala B. Él no me conocía pero se arriesgó porque charlamos y sintió empatía conmigo. Ahí es donde hice mi primer espectáculo que se llamaba ¿Cuál es el secreto?. Y el secreto yo digo siempre es la ley de atracción: el querer algo muy fuerte, desearlo y lo obtenés, el universo te lo da”.

Luego llega su primer obra de teatro en la Ciudad de Buenos Aires: De rodillas, en el Teatro Brilla Cordelia, dirigida por Ezequiel Castillo. Después comenzó a compartir las tablas con diversas personalidades ya reconocidas: Moria Casán, Gladys Florimonte, Carmen Barbieri, Chili Fernández, Antonio Ríos, con Rosita de Pasión de Sábado.

Hoy en día ya prácticamente no realiza más shows porque no le dan los tiempos, pero afirma: “Veo que lo artístico también me brinda la posibilidad de ser más conocida”. Sí continúa con el teatro y de hecho fue invitada por Talleres Alma -de Ingeniero Maschwitz- para hacer una obra que llamada La Tanguería, dirigida por Alejandra Tedesco.

Sobre el futuro

– ¿Qué proyectos tenés en mente?

Lo que a mí me gustaría lograr -que va a llevar mucho trabajo porque no es de un día para el otro- es que Escobar tenga la Casa Trans. Es decir, una casa de abrigo para las chicas que están en situación de calle en la cual se les pueda brindar no solamente una cama y un plato de comida, sino también prepararlas para salir a la vida y tener un trabajo que no sea el que ellas están haciendo ahora: poderles enseñar una profesión o que terminen sus estudios para poder trabajar como cualquier persona, como todos nos merecemos. Eso es un proyecto que no te digo se va a hacer ahora, pero es lo que tengo en mente y me gustaría ponerle fuerzas y trabajar para lograrlo.

– Y mirando un poco más lejos hacia el futuro, ¿cómo ves tu lugar?

Me gustaría seguir trabajando mucho más, no estos cuatro años solamente: ya estoy involucrada y quiero seguir haciendo cosas. No sé el cargo, pero lo que me importa es poder trabajar para la gente, desde el lugar que toque. Yo siempre jodo y cargo que quiero ser diputada. Me gusta mucho esto de poder usar la política para poder trabajar para la gente; creo que es eso el fin de la política. Y a veces la gente descree porque muchos políticos usan la política para su beneficio propio, pero yo quiero usar la política para trabajar para la gente.

Con su sweater rosa fuerte y su remera plateada Sandra pasea acompasadamente entre la peluquería -esa, la pequeña, la que está dentro de su propia casa, pero donde ya no atiende más porque el tiempo queda chiquitito cuando hay tanto por hacer- y el jardín gris y soleado donde presenta a sus dos caballos blancos que posaron junto con ella para la Revista Caras del pasado agosto. Es gaucha, tía, concejal y es artista, pero por sobre todas las cosas es alguien que sabe hilvanar todos esos sustantivos con un rasgo concreto: tiene una simpatía tan arrolladora que es imposible no sentirse a gusto con ella. Quizás por eso le salga con tanta naturalidad eso que nombra una y otra vez: eso de ayudar a la gente.

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