Identificaron los restos de Horacio Ibarra Britos, el joven asesinado en 1975 que estaba enterrado como NN en Escobar
Tenía 18 años cuando desapareció. Sus restos fueron recuperados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en el cementerio de Escobar y, gracias al cruce de ADN, su familia pudo despedirlo en su Quequén natal. Un cierre doloroso pero necesario tras 51 años de incertidumbre.
El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) logró identificar los restos de Horacio Alfredo Ibarra Britos, un joven oriundo de Lobería que tenía apenas 18 años cuando el aparato represivo ilegal truncó su vida en diciembre de 1975. Durante décadas, su cuerpo permaneció oculto bajó la designación de NN en el Cementerio Municipal de Escobar.
En el año 2010, el EAAF llevó adelante una serie de tareas de recuperación de cuerpos inhumados sin identidad en el cementerio escobarense. Aquel esfuerzo inicial se completó cuando los hermanos de Horacio, vecinos de Quequén, se acercaron a la organización para aportar sus muestras de sangre al banco de ADN. El cruce genético dio positivo.
La investigación documental posterior permitió atar los cabos sueltos de una verdad trágica: en diciembre de 1975, en plena vigencia del accionar de las bandas paraestatales y las fuerzas de seguridad locales, aparecieron dos cuerpos en la zona del Río Luján. Las huellas dactilares tomadas en ese entonces en el marco de la causa judicial coincidían con las de Horacio. Tras su asesinato, el joven había sido enterrado de manera anónima en Escobar.
Con los restos restituidos, la familia Ibarra pudo realizar una ceremonia de despedida en el Cementerio Municipal de Quequén. Horacio comparte sepultura con sus padres y dos de sus hermanos, quienes fallecieron sin conocer este destino.
Durante la restitución en Quequén, la familia entregó una carta al EAAF: “Hace algunos años nos hicimos el ADN, dos hermanos varones y una hermana mujer. Pasó el tiempo, y por fin recibimos una noticia, luego de un gran trabajo de investigación del equipo de antropología. Habían pasado 50 años de la última vez que vimos a nuestro hermano. ¿La noticia? Tal vez no fue la que esperábamos (todavía manteníamos encendida una luz de esperanza). Pero a Horacio, ‘el Ñato’, lo habían asesinado a los pocos meses que se había ido de nuestra ciudad, Quequén, en el año 1975”.
Y agrega: “La vida no nos ha sido fácil. ¿Es triste? Claro que sí; hoy quedamos 8 hermanos de los 13 que éramos, pero cerramos una etapa, una parte de la historia de nuestras vidas, de búsqueda, esperanza e incertidumbre. Ahora sabemos qué pasó, que no va a volver, dejamos de buscar, pero sabiendo que encontramos el lugar con su nombre, con sus restos, para dejarle una flor, para estar en paz y, sobre todo, aunque sea de esta manera, poder tenerlo cerca, en el cementerio local. La búsqueda ha llegado a su fin”.
El derecho a saber
El caso de Horacio Ibarra Britos reitera la importancia de sostener las políticas de Memoria, Verdad y Justicia, y el rol fundamental de la ciencia forense. El EAAF recordó que todavía cuenta con más de 800 cuerpos recuperados que esperan ser identificados.
Cualquier persona que tenga un familiar desaparecido entre 1974 y 1983 tiene el derecho a saber si sus restos han sido hallados. Las extracciones de muestras son totalmente gratuitas, confidenciales y se realizan mediante una simple gota de sangre.
*Más información al 0800-345-3236 o por mail iniciativa@eaaf.org
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