El peligro silencioso de los contaminantes emergentes en nuestras aguas
Fármacos, productos de higiene y residuos industriales que escapan a los tratamientos convencionales copan los ríos y sedimentos. Matías Butler, investigador del CONICET, explica cómo estas sustancias se transforman en la naturaleza y por qué estudiarlas se volvió una urgencia ambiental.
Cuando abrimos la canilla o miramos el río, tendemos a pensar que los procesos de potabilización y tratamiento de efluentes lo limpian todo. Sin embargo, existe un universo invisible de sustancias que desafía los filtros convencionales. Se los conoce como “contaminantes emergentes” y, aunque no los veamos, están reconfigurando la química de nuestros ecosistemas acuáticos.
Matías Butler es investigador adjunto del CONICET y especialista en química ambiental. “Los contaminantes emergentes son un grupo de sustancias naturales o artificiales con posibles efectos negativos sobre el ambiente que todavía no se encuentran regulados ni monitoreados”, explica.
y agrega que, ejemplo de esos contaminantes son “drogas de abuso, fármacos, productos de cuidado personal y otros compuestos químicos provenientes de efluentes de origen industrial, doméstico o agrícola”.
“Actualmente se detectan de forma extendida, por ejemplo, en cuerpos de agua, suelos y sedimentos, ya que suelen traspasar los tratamientos convencionales de efluentes o de potabilización de agua y se consideran una amenaza para los ecosistemas”, explica el investigador.
Existe una falsa creencia popular de que el agua “todo lo diluye o lo hace desaparecer”. La investigación de Butler derriba este mito al poner el foco en los “productos de transformación”: compuestos que se generan cuando el contaminante original reacciona con elementos del entorno, como la luz solar, el agua o los mismos microorganismos del suelo (procesos fisicoquímicos y biológicos).
Lo preocupante es que la degradación de un químico no siempre es sinónimo de purificación. “Si bien la degradación puede contribuir a la desaparición del contaminante, en ciertos casos, puede generar productos que presentan una mayor persistencia o toxicidad respecto del contaminante original, representando un mayor riesgo para la salud y el ambiente”, advierte el especialista.
Determinar qué hay exactamente en el agua y cómo va mutando requiere de una precisión quirúrgica. Allí es donde entra en juego la especialidad de Butler: la “espectrometría de masa”, una técnica analítica avanzada que funciona como un “detector de huellas dactilares” a nivel molecular.
Esta tecnología permite dos cosas fundamentales para la gestión ambiental actual: medir y cuantificar de manera ágil concentraciones bajísimas de contaminantes en muestras naturales (ríos, arroyos o sedimentos) y brinda señales claras sobre cómo se rompen o modifican las moléculas, ayudando a identificar los productos de degradación que se generaron en el camino.
Fuente: UNSAM
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