Alerta por la ropa usada importada: Argentina ingresó 4,6 millones de kilos en un año
En 2024, la Argentina recibió más de 4,6 millones de kilos de ropa usada importada, un incremento explosivo del 19.000% interanual que encendió las alarmas ambientales.
Una campaña impulsada por la fundación Pro Tejer busca poner en agenda el debate sobre la importación de ropa usada en la Argentina. Con una junta de firmas, la entidad exige la restitución inmediata de la prohibición que existía hasta 2022 y alertó sobre las consecuencias ambientales, sanitarias y productivas que genera el ingreso masivo de estas prendas al país.
La iniciativa a través de la plataforma Change, titulada “No a la importación de ropa usada”, advierte que la Argentina corre el riesgo de transformarse en un destino final de descarte del fast fashion global, replicando escenarios ya visibles en otros países de la región, como los basurales textiles a cielo abierto del desierto de Atacama, en Chile.
Cómo se gestiona la ropa usada importada en Argentina
Históricamente, la importación de ropa usada estuvo restringida en el país por razones de salud pública, higiene y protección de la industria nacional.
En 2010, el Decreto 2112 estableció la prohibición total, ratificada en 2017 mediante el Decreto 333 con vigencia hasta mayo de 2022. Al no renovarse esa normativa, el ingreso de ropa usada importada quedó nuevamente habilitado. Durante 2022 y 2023 las importaciones fueron marginales pero el crecimiento se aceleró exponencialmente desde 2024. Según la entidad, los 4,6 millones de kilos ingresados ese año equivalen a entre 10 y 15 millones de prendas.
Riesgos ambientales y sanitarios
“La importación masiva de ropa usada no es economía circular ni acceso al consumo: es descarte de excedentes del fast fashion de los países desarrollados”, advirtieron desde Fundación Pro Tejer. Cabe señalar que gran parte de estas prendas está compuesta por fibras sintéticas que no pueden reciclarse, tardan décadas en degradarse y liberan microplásticos que contaminan los suelos y cursos de agua.
Frente a este problema, la Argentina carece de infraestructura adecuada para gestionar semejante volumen de residuos textiles. Los riesgos sanitarios tampoco están controlados. Las prendas provenientes del fast fashion pueden portar hongos, bacterias, parásitos y residuos químicos.
Hoy en día, no se verifica la composición de la ropa importada, ni se garantiza una trazabilidad sobre su origen, uso previo o condiciones de almacenamiento.
Los puntos críticos que enumera la campaña incluyen:
- Contaminación ambiental: fibras sintéticas no reciclables que liberan microplásticos
- Riesgos sanitarios: presencia de hongos, bacterias y químicos peligrosos sin control
- Falta de trazabilidad: sin verificación de origen ni condiciones de almacenamiento
- Impacto laboral: afectación directa a más de 500.000 empleos del sector textil
- Ausencia de infraestructura: el país no puede gestionar estos volúmenes de residuos
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