Gestión de residuos en la Cuenca del Reconquista: la experiencia de Arte Compostado

by Sabrina Garcia | 13 de abril de 2026 8:00 AM

Por Sabrina García

En el Mes del Compostaje dialogamos con Fernanda Menvielle creadora de Arte Compostado, una iniciativa que nació hace cuatro años en el barrio Villa Jardín de San Fernando.

El Mes del Compostaje se celebra anualmente entre el 22 de marzo, con el Día Mundial del Agua y el 22 de abril, Día Internacional de la Madre Tierra. La celebración, que tiene la duración de un mes, busca promover la transformación de residuos orgánicos en compost (abono natural), reduciendo la basura en origen y regenerando suelos.

En ese marco, la experiencia de Arte Compostado surgida hace cuatro años en San Fernando, más precisamente en el barrio Villa Jardín, permite tomar dimensión de la importancia de reducir la basura y transformar residuos en abono en un lugar ubicado en la cuenca del Reconquista y que normalmente sufría inundaciones.

“Queríamos trabajar en el cruce de arte, ambiente, ciencia. Nos presentamos en un fondo que era de un laboratorio de innovación, ciencia y cultura, de la Fundación Williams y una ONG que se llama Potenciar y ganamos”, así se inicia Arte Compostado en Zona Imaginaria, un espacio cultural en el barrio Villa Jardín de San Fernando.

Fernanda cuenta que su acercamiento al compostaje se dio en la pandemia. “Trabajaba en áreas protegidas y pensaba que para poder llegar al área protegida y a un ambiente silvestre donde podés ver un poco la naturaleza, tenés que irte lejos. Como urbanita que soy me interesaba que la gente que no puede ir a un Parque Nacional, pudiera tener acceso a entender cómo funciona esa naturaleza y admirarse de la belleza de una naturaleza que puede haber en un cajón de fruta, en una compostera”.

-¿Por qué Villa Jardín?

En pandemia llegamos a Villa Jardín y dijimos: ‘Lugar con riesgo de inundación’. Veías las bolsas de basura tapando las canaletas. Ubicado en la cuenca del segundo río contaminado de Argentina (Río Reconquista) después de la cuenca de Matanza-Riachuelo. Pensamos ‘algo tenemos que hacer con la gestión de los residuos’ y que cada persona pueda, además, manejar esa naturaleza que es el compostaje, el compost.

Comenzamos con una sensibilización sobre lo que es la biodiversidad: tocando, pintando, separando los distintos materiales que alimentan a las comunidades del compost, después hacíamos cajas de sensibilidad donde los chicos metían la mano, no podían mirar y entonces separaban los materiales secos de los húmedos y así.

Después empezamos a aprender a compostar, llevaban en botellas su compost a su casa. Trajimos a un investigador de la Facultad de Ciencias Exactas y trabajamos con hisopos, tomamos muestras del compost, de la tierra, de plantas de Zona Imaginaria. Él las llevó, las incubó y pudimos hacer visible lo invisible. Todo eso que iba la basura eran microbichos y que iban a transformar eso en abono. Y eso cierra el ciclo de la vida.

Una vez que los chicos habían entendido un poco y experimentado el compostaje, instalamos una compostera comunitaria y empezamos a trabajarla con las familias.

-Los chicos asisten a Arte Compostado los días sábados…

Este año tenemos pensado hacerlo dos sábados al mes.

Hay varios que empezaron el secundario técnico. El desafío es acompañar ese proceso de niño a joven, llegar a otros pibes. Nosotros a estos chicos los encontramos tocando timbres por el barrio, después se fueron sumando otros. La ONG Germinar nos conoció por las redes y desde hace cuatro años nos acompaña con el compostaje. A través de ellos fuimos a visitar el BioCorredor Paul Groussac que lo mantienen vecinos con árboles y plantas nativas.

Hicimos otras visitas. A los chicos les encanta viajar, conocer. La otra vez fuimos al Malba Puerto porque había unas esculturas monumentales de un artista de Tucumán, Gabriel Chaile, que ganó la Bienal de Venecia, fue residente de Zona Imaginaria y dio talleres de arte para niñeces del barrio. Para ellos está buenísimo.

-Imagino que el Mes del Compostaje para ustedes es muy importante. ¿En qué trabajan?

Estamos haciendo un libro para niñeces: ‘Mi libro de compostaje’ que es a partir de la experiencia de Alma, una de las chicas de Arte Compostado. De hecho, mañana tenemos una nueva reunión con Almita para seguir trabajándolo.

Nosotros entendemos que el compostaje sirve para educar. Hacer una compostera de un vidrio, mapear lo que estás viendo. Ver los bichos bajo un microscopio. Con todo eso podés hacer educación. Es vida en directo. El arte te permite esto y además jugar: las texturas, los colores, alimento para la vida, un lenguaje nuevo. Todo eso es arte.

-Si tuvieras que motivar a alguien para que haga compost ¿Cuál sería el ABC para poder compostar?

Lo principal es separar los residuos, la materia orgánica, en tu casa. Tenés que tener una compostera, que la podes hacer con un cajón de verduras. Después el balance de secos y húmedos.

Es muy sencillo, muy orgánico, hay que parar un poco y conectarse. El olor que tiene te indica si está bien esa combinación de materiales húmedos y secos. Ahora, en otoño, los secos los encontrás en la vereda de tu casa. Está lleno de hojas. De paso te conectás con los colores del otoño, que es una belleza.

La yerba del mate, la cáscara de banana, de papa, los restos de las verduras, el rollito de cartón del papel higiénico, algunos cartones, las hojas de la vereda. Combinás todo eso que es como energía para los bichos y el carbono. Controlar la humedad con agua. Mezclar. Usar los sentidos: el olfato, la vista… es muy fácil.

(*) Para conocer más de la propuesta ingresar a @arte.compostado

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