Ecoparque San Fernando: Un refugio natural a orillas del río Luján

by Sabrina Garcia | 6 de julio de 2026 7:50 AM

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Por Sabrina García

Aquellos que suman algunas décadas muy probablemente fueron protagonistas de los campamentos que organizaba el CEF13, INEF o lo que ahora conocemos como Universidad Nacional de Luján. La experiencia de cruzar caminando un pequeño túnel -siempre con agua- por debajo de las vías del Tren de la Costa (que para ese entonces estaba fuera de servicio) y llegar a un enorme predio. Partidos de fútbol, juntar leña, armar las carpas, era toda una experiencia.

Con el tiempo ese terreno enorme se fue abandonando: autos abandonados, basura por doquier, fueron los protagonistas.

Hace tres años el municipio de San Fernando recuperó esas tierras y las transformó en el Ecoparque, un suerte de pedacito isleño en pleno continente. Dialogamos con Gabriel Tato, director General de Medio Ambiente, sobre la recuperación de este espacio vital, la conservación de la biodiversidad y el desafío cultural de integrar la naturaleza a la vida urbana.

“El lugar había quedado semi olvidado e incluso intrusado en algún momento. Se llevaron a cabo obras de relleno y sabíamos que se estaba generando un expediente para que estas siete hectáreas se convirtieran en un emprendimiento inmobiliario, lo cual era muy tentador económicamente por su proximidad al río Luján”, recuerda Tato.

Y agrega que “la política de Estado —impulsada por Luis Andreotti y continuada por Juan Andreotti— es recuperar todo terreno que dé al frente costero para que lo disfruten los sanfernandinos, cambiando la lógica histórica de ciudades gestadas de espaldas al río. Hoy es un valor en sí mismo que los vecinos puedan llegar a la costa, reconociendo el valor cultural, ecológico y social del río”.

En el año 2021 el municipio, la Universidad Nacional de Luján y autoridades de la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) firmaron un convenio para mejorar las condiciones del establecimiento educativo, construir una Pista de Atletismo y crear una Reserva Ecológica Educativa con salida al río y abierta a la comunidad.

“Propusimos hacer de estas siete hectáreas un lugar de sensibilización ambiental para los vecinos de San Fernando, así como para visitantes del conurbano y la región metropolitana norte. Además, buscamos que sea una unidad para la educación ambiental donde universidades, institutos científicos y técnicos, como el Conicet, puedan investigar y mostrar sus resultados al público. Comenzamos con una fuerte restauración. Recuperamos unidades de paisaje y mantuvimos áreas de neoecosistemas con especies exóticas antiguas, porque conforman un bosque que ya brinda servicios ecosistémicos”, explica el funcionario.

Biodiversidad e identidad isleña

San Fernando cuenta con 950km2 de sector isleño. Si a biodiversidad nos referimos podríamos decir que es un distrito muy importante en esta materia.

“Esta unidad forma parte de la gran Ecorregión Deltas e Islas del Paraná; estamos ligados por el río Luján y a solo 400 metros estamos en pleno Delta -dice sobre la ubicación del Ecoparque. Hay unas 250.000 personas en la región vinculadas históricamente al Delta desde las corrientes inmigratorias europeas. El Delta de San Fernando es el más grande del Bajo Delta del Paraná, y la gente manifiesta mucho interés tanto ecológico como social sobre los habitantes y la cultura isleña”, afirma Tato.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene el concepto de ‘Una sola salud’ que es un planteamiento integral y unificador destinado a equilibrar y optimizar la salud de las personas, los animales y los ecosistemas. Sumado a eso recomienda un estándar de áreas verdes urbanas de un mínimo de 10 a 15 m² de espacio verde por habitante, en áreas urbanas.

-¿Cómo está San Fernando respecto al mínimo de espacio público recomendado por la OMS?

-En 2012, en San Fernando estábamos en 1.4 metros cuadrados por habitante. Hoy estamos en el orden de los 8.5 a 8.6 metros cuadrados por habitante estrictamente en la ciudad, sin contar el Delta. Esto es estrictamente la ciudad porque este número refiere a habitantes citadinos y a estos espacios verdes que necesitan vincularse para estar sanos mental y físicamente.

San Fernando es una ciudad que fue creciendo, en principio con lotes más o menos grandes, en quintas, lotes de 10×30 o 10×40. El crecimiento demográfico hizo que el patio que teníamos atrás se construyeran una casita para el hijo y después el nieto, entonces se fueron achicando esos parques.

La política de Estado de recuperar cada lugar y convertirlo en un espacio verde es una tendencia a nivel mundial y es un orgullo trabajar en San Fernando y tener ese objetivo como meta, el de acercarnos a esos 10/12 metros cuadrados de espacios verdes por habitante para que esto sea sustentable. Recorrer estos espacios nos baja, nos resetea, nos ayuda en el enfoque, a pensar bien y a esparcirnos.

Los ambientes del Ecoparque

-¿Cuáles son los espacios que conforman la Reserva?

-Tenemos la Laguna, que es importantísima ya que los cuerpos de agua son las unidades de paisaje más ricas en biodiversidad. También tenemos el Monte Blanco, característico del Delta, que es el bosque natural subtropical más austral del planeta. Hay un sendero específico que lo recorre, resultado de un trabajo de tres años, donde se pueden ver especies colonizadoras como el ceibo y las anacahuitas, además de sauces criollos que ayudan a la dinámica de crecimiento del Delta.

-¿Las Casuarinas, muy usadas en el delta para evitar la erosión de la costa, son nativas?

-No, son exóticas. Llegaron con las corrientes migratorias europeas y con figuras como Sarmiento, ya que la gente traía plantas de sus tierra natal. Algunas de estas especies exóticas (pinos, cipreses, casuarinas) resultaron invasivas y de crecimiento rápido, cambiando el paisaje y generando lo que llamamos neoecosistemas. Aunque siempre se debe tender a priorizar las plantas nativas, que sostienen toda una red de biodiversidad adaptada al clima local, no debemos demonizar a las plantas exóticas, ya que hoy en día también brindan servicios como la captura de carbono, provisión de oxígeno, sombra y prevención de la erosión del suelo.

En la caminata el cartel indica que se trata de un sauce criollo y menciona un trabajo de investigación del INTA. “El sauce criollo es nativo y forma parte de una investigación clave del INTA sobre fitorremediación que se realiza en el Ecoparque. Están estudiando cómo forestaciones de sauces nativos a la orilla del río Luján pueden mitigar la contaminación del suelo, incluso capturando metales pesados y convirtiéndolos en madera, normalizando el sustrato. Esto refleja el espíritu del lugar: que la ciencia investigue y muestre sus resultados”.

El reino Fungi

El Ecoparque cuenta con un sendero dedicado al reino fungi. Gracias a los altos niveles de humedad y sombra proporcionados por el neoecosistema, los hongos prosperan de manera excepcional. “La adaptación hace que el reino fungi prospere y sea muy importante porque son los verdaderos recicladores de la naturaleza. Son quienes, en última instancia, transforman toda esta hojarasca, todo lo que va quedando del bosque que muere naturalmente en nutrientes que son aportados a la tierra”, destaca Tato.

Expertos de la Universidad de Luján investigan estas especies. La recomendación para los visitantes es clara: no tocarlos ni comerlos, pero valorarlos como piezas fundamentales del ecosistema.

“El reino fungi es un reino particular, no pertenece ni al reino animal ni al reino vegetal”, completa.

La fauna del Ecoparque

“Es normal cruzarse con pavas de monte (que antes estaban en peligro y lograron adaptarse alimentándose del fruto del ligustro exótico), chiricotes, coipos y carpinchos. La diversidad de aves es extraordinaria: hay zorzales, chanchaneros, garzas moras y blancas. En la laguna también hay fauna ictícola (bagres amarillos, dorados, bogas, sábalos y algunas carpas exóticas que buscamos controlar) que ingresó naturalmente durante las sudestadas”, subraya Tato.

-Antes era difícil ver, por ejemplo, a una comadreja y ahora es muy común. ¿Por qué?

-Porque han crecido los espacios verdes y los animales se han adaptado a las ciudades, que funcionan como burbujas de calor protegiéndolos de las heladas invernales. Especies como aves rapaces, caranchos y comadrejas aprendieron a vivir cerca nuestro. La comadreja es uno de los marsupiales más antiguos de Sudamérica y es un controlador biológico excepcional que combate garrapatas e insectos sin representar riesgo para los humanos. Es una bendición tener fauna nativa y debemos aprender a convivir respetándola.

El mensaje que siempre le decimos a los vecinos es: ‘Hay que ponerse feliz, contento cuando encontramos en el patio de casa una comadreja, un ave de rapiña’. Estamos en Argentina, estamos en esta Ecorregión, no nos vamos a encontrar ni con un tigre ni con un león. Nos encontramos con animales que son propias de esta región.

Hay que cuidarlas, dejarlas tranquilas. Tenemos que aprender como seres humanos a convivir. No somos los dueños estrictos de las ciudades que construimos.

La Bahía: El punto de toma de conciencia

El primer acercamiento al río es la Bahía, el sector también es conocido como ‘El punto de toma de conciencia’. Cuenta con un muelle, deck, mesas y sillas. Allí se puede pasar la tarde, tomar mate y descansar.

“Aquí recibimos, a orillas del Ecoparque, toda la soberbia y la indiferencia que tenemos los seres humanos que arrojamos todo al río”, reflexiona Tato. Es un área donde se acumulan residuos flotantes tras las sudestadas. El municipio decidió no colocar barreras para capturar los sobrenadantes, no solo para no “esconder la realidad”, sino porque dichas barreras impedirían el paso natural de biguaes, carpinchos y coipos que cruzan constantemente el Luján hacia el Delta.

“Lo que no reciclamos, lo que no reutilizamos, el río nos los devuelve en un gran gesto como diciendo: ‘Esto es tuyo, acá está’. Realizamos muchas jornadas de limpieza, pero esto es dinámico. Si hoy limpiásemos absolutamente todo y mañana en una pequeña sudestada, volvemos a tener la misma cantidad. Esto es lo que está en en los ríos Mesopotamia arriba, lo que está en el Río de la Plata y lo que está en el océano. Lo llamamos el punto de toma de conciencia porque justamente lo que queremos mostrar a la gente que esto no es que somos descuidados y no lo levantamos. No, esta es la realidad del ser humano. Acá se lo encuentra día a día”, completa Tato.

La salida al río Luján

El Ecoparque sumó un nuevo espacio: un cuarto de hectárea (un poco más de 5.000 m cuadrados). Al finalizar la zona de la Bahía se puede retomar por otro sendero o ingresar, a través de un cerco, al sector de amarras del Yacht Club Argentino. El sendero, demarcado, permite llegar al Luján. A un costado se puede ver la costanera y del otro el Polideportivo N° 1. Frente a las costas el imponente Delta. Sin dudas un nuevo espacio que permite unir continente y sector insular.

“Más allá de lo paisajístico, lo natural, acá te relajas, te tirás en el piso, te tomas unos mates, comes unos bizcochitos y volvés nuevo a la vida. Está científicamente comprobado que esto te resetea y te pone a cero. Pero además de eso, tenés la cercanía a tu cultura, a tu idiosincrasia. Tenés, nada más ni nada menos, que la unidad de paisaje más linda del mundo, que es el Delta del Paraná”, dice Tato y suscribimos a su afirmación.

Datos útiles sobre el Ecoparque

“Lo único que pedimos es voluntad para no interferir con la naturaleza: hablar en voz baja, no jugar a la pelota y no alimentar a la fauna. Mucha gente llega en bicicleta y cuenta con bicicleteros para dejarla atada, ya que los senderos internos ahora son exclusivamente peatonales para evitar riesgos con la fauna y otros visitantes”, explica el funcionario.

El Ecoparque recibe, en temporada baja (invierno), entre 1.700 y 2.100 personas por fin de semana, número que aumenta radicalmente en primavera y verano.

*Nota publicada en San Fernando Nuestro y en Zona Norte Ambiental

Gratitude yummi.club[1]
Endnotes:
  1. yummi.club: https://yummi.club/

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